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miércoles, 22 de octubre de 2008

Quiebre

¿Por qué? Dijimos instantes después. ¿Por qué no pudimos esperar un poco más?
Nuestra mirada fija, frías miradas.
¿Cómo fue que pasó todo esto? Necesidad, impaciencia. ¿Pero acaso teníamos oportunidad? Imprudencia.
¿Cómo pudo entrar en ese paquete?
¡¿CÓMO?!
No pensamos que fuese tan rápido. ¿Relámpagos, en pleno verano? De repente, encima nuestro. Desplegó sus extremidades, ¿metálicas?
Nos tomamos a nosotros mismos, "¿así, así va a ser?"

Crujidos como de maleza, oscura, segundos de incertidumbre. ¿Frío? ¿Humedad?

Otra vez, crujidos. Pero esta vez como de papel.

¿Qué? Como de envoltorio


"¿Todos estamos?"


¿Alguien puede prender una luz?


Alguien...nos están pateando.


¡Basta!


¿Qué es esto?


...

Más bien...sería correcto decir que es como celofán.


miércoles, 9 de julio de 2008

Cuestión De Cariño


"Normalmente no diríamos una cosa así, pero todos queremos ese paquete, y lo queremos solo para nosotros."


Reposaba como hacía ya tres días sobre la mesa del comedor, no queríamos tocarlo.

Para las comidas habíamos tenido que trasladarnos a la sala de estar, donde almorzábamos, cenábamos, y compartíamos algún bocadillo de media tarde.
Algunos de n
osotros habíamos retomado viejos hábitos, antiguos y olvidados intencionalmente por ser considerados vicios indignos de gente sana y correcta:
Volvíamos a comernos las uñas de pies y manos y hacer pequeñas esferas con el mucus de nuestras narices. Algunos nos habíamos entregado a la bebida. Y otras barbaridades que prefiero no nombrar por consideración al lector
.


El paquete seguía intacto, con una fina capa de polvo que lo cubría, y que no osábamos limpiar.
Cada día respiraba con más intensidad...



martes, 17 de junio de 2008

Una Tarde Agitada Y Desesperante

Esa tarde la excitación era evidente. Todos caminaban impacientemente de un lado a otro en la sala de estar.

Aquellos que fumaban, lo hacían a todo vapor en ese momento. El sonido de los zapatos sobre el parqué se estaba volviendo insoportable. Alguien preguntó con falsa inocencia si se había abierto el paquete. Las miradas se entrecruzaron como telarañas infinitas y babosas entre todos los presentes. Pronto, estábamos caminando hacia el paquete, que había sido colocado en la esquina de la mesa del comedor, como para no confundirlo con algo corriente, algo de naturaleza similar al resto de los objetos del cuarto.
Lo tomamos con precaución entre nuestras manos, seguía tibio y de una asombrosa semejanza a un ser vivo. Por supuesto habíamos descartado esa posibilidad desde el minuto uno, cuando comprobamos que su peso era de 30 kilos, pero ahora no podíamos recordar por qué esto nos había llevado a tal afirmación.
Ya nadie estaba seguro de qué se refugiaba plácidamente entre los papeles brillantes, esperando a que nuestra curiosidad nos lleve al límite de lo impensable, al riesgo inaudito. La insoportable espera, ¡Cómo lucharla, cómo controlarnos!
De pronto, los relojes enloquecieron, las alarmas de los nuestros empezaron a chillar, los de la pared también gritaban el augurio, la fuerte necesidad de ir, ir a tomar el té.
Ya eran las 5.

lunes, 9 de junio de 2008

Llegada

Llegó envuelto en miles de papeles muy brillantes, dorados, púrpuras y verdes. Era liviano, como hueco, pero de gran tamaño, apenas si pasaba por la puerta. Lo metimos rápido en el living, después de firmar los papeles correspondientes.
Lo apoyamos en el centro de un sofá de tres piezas, y lo miramos. Envuelto, cerrado, hermético, ¿qué sería?
Después de sacarnos las camperas y las botas, nos dispusimos a investigarlo con apropiada precaución. Le tomamos las medidas (65 x 39), lo pesamos (30 kilos) y sentimos su textura (estaba caliente y liso).
Caliente y liso, suave, como resbaladizo. Eso nos sorprendió un poco, más a las mujeres, y nos dio un poco de repulsión. Por eso decidimos suspender la investigación por ese día y continuar con nuestras tareas diurnas antes del mediodía.