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jueves, 18 de septiembre de 2008

Cerrados

No era tarde cuando el sueño lo derrotó, era tarde cuando se despertó en medio de la noche y se encontró observando cada detalle de la habitación de un modo poco ortodoxo.
Tenía los ojos cerrados, de todas maneras podía distinguir cada cosa que había en la habitación. La silla, el escritorio, la guitarra pendiendo sobre un mueble, todo tenía su silueta, la misma que con los ojos abiertos. Entonces, no supo que pensar. Mejor dicho, sabía bien que pasaba. Sus ojos estaban abiertos, pero él los sentía cerrados, completamente. Intento comprobarlo con sus dedos, no había caso, estaban cerrados. Seguía viendo.

Pensó en tratar de abrirlos, pero decidió comprobarlo una vez más con sus manos. Continuaban cerrados. Haciendo fuerza en su interior, abrió los ojos. No vió lo mismo que antes. Observo algo, en realidad, a alguien. Esa sombra que se abalanzó sobre su cuerpo tendido no lo dejó dormir en toda la noche.

martes, 1 de julio de 2008

Planteos

Se había cansado de estudiar tantos años, pensaba que trabajar hubiese sido más fácil, o más bien, lo creía. Porque no era de pensar, nunca lo fue. Siempre creyó, le parecía más importante.
"Si un ladrón dice ser inocente, y nosotros, que jueces no somos, no haremos más que creer", así (valga la redundancia), lo creía.
Sin embargo, después de un tiempo, comprendió algo importante (o resultaba serlo para él): "Creer y pensar son sinónimos y antónimos simultáneamente; uno cree que piensa cuando piensa que cree". Afortunadamente, Jorge ya no se hace más ese tipo de planteos, justamente desde que empezó a trabajar.

viernes, 20 de junio de 2008

Solo

Pan, queso, pan, queso, pan, queso... ¡Tac!...
Calculaba, paso a paso, los espacios entre cada banco. La plaza estaba fría, muy fría. Pero él no suponía que por esa razón no iba a tener nada que hacer ahí. Nunca faltaba una latita, una botella o, en el mejor de los casos, una pelota. Y si llegaran a faltar, siempre había alguien con lavarropas para ofrecer sus medias. Él no sólo no tenía pelota, sino que tampoco tenía medias.
- ¿Para qué? - , se preguntaba - Si, total, las voy a ensuciar. Las necesito para el cole.
Ese día no había nadie.
- Mejor - pensaba Jorge, ahora podría pensar el solito las jugadas, para que los demás no se rían de él.
Era malo, era muy malo, o como suele decirse aquí, un terrible patadura. Pero se las imaginaba, se imaginaba las jugadas que nunca le habían salido (y que nunca le saldrán), veía en su mente el momento en que aquella sonrisa, la de sus amigos, burlándose de él, se desfiguraba. Especialmente la de Carlos...
Pan, queso, pan, queso, pan, queso...

lunes, 9 de junio de 2008

Inercia

Me cansaba no tener nada para hacer, pero también me quejaba cuando me encontraba muy atareado. Creo que, por un lado, siempre fui así. Soy extremista, pero no me gustan los extremos. No. Sin duda, me gusta estar en el medio. A veces el que quiere estar en los costados, al principio o al fin, es aquel que quiere ser visto, quien resalta o, como dicen, quiere llamar la atención. A mi me pasa algo completamente diferente, o por lo menos así fue hasta ese día.
Cuando menos imaginaba que mi vida cambiaría, cuando menos pensaba que algo interesante me ocurriría, empecé a sentir estos raros avisos de alguien que se aproximaba. Ese alguien ya se había ido hace un tiempo, tampoco quería volver y yo, no quería que vuelva. En definitiva, era pura inercia.

lunes, 2 de junio de 2008

Espera

La silla no era para nada cómoda, es de esas a la que uno siempre le busca una vuelta para estar confortable, pero no, es imposible. La espera tampoco resultaba ser algo satisfactorio y, menos, si me ponía a pensar para que era esa espera. Al escuchar mi apellido dudé. Claro, es como el cuento de Pedrito y el lobo. De tanto esperar, al finalizar la espera, es algo de no creer. Me levante, me dirigí hacia la puerta y la abrí. Rechinaba, tanto que me hubiese gustado aceitarla en ese mismo instante. Sentía que me quedaría a vivir allí, imaginaba que no volvería ni a mi hogar, ni a mi vida (en la que, sinceramente, nunca estuve). Me senté en un sillón, y aguardé que el momento álgido se aproximara. Mis muelas ardían, no querían escapar de mi boca.

domingo, 1 de junio de 2008

Casa

Estaba seguro, ya la había visto en otra ocasión. Poco me importaba en ese entonces, el sueño me ganaba y sólo quería llegar a mi casa...

Reja negra, un ph bien hasta a el fondo. Al llegar al final, una puerta verde que, siempre, hay que empujarla para poder entrar. No había nadie, era de esperarse porque, Jorge, vive sólo hace años. Hace tiempo vivía con un amigo, del cual nunca quiere hablar. La pequeña cocina, tal vez demasiado pequeña para ser recinto de toda esa gran mugre, ya casi no era utilizada. Jorge no comía mucho en su casa y, cuando comía, no cocinaba.

Tenía sueño, como todas las noches. Aunque sin duda ese día había sido diferente...

Al parecer no le prestó mucha atención a eso, el sueño le ganó.

viernes, 30 de mayo de 2008

Otra vez

Se volvió a despertar dos estaciones más atrás de las que debía bajarse. Sin embargo, esto no le preocupó en lo más mínimo, solía pasarle. Con un aire de tranquilidad, se dirigió lentamente hacía el andén de enfrente. Cuando caminaba por el túnel, los escuchó otra vez. Si, ahí estaban. Esos eran los mismos taconazos que lo perseguían desde hoy a la tarde. No se apuró, al contrario, se tomó su tiempo para escuchar con detenimiento, aquellos pasos que lo seguían. Se dio vuelta, y la vio. Ella lo miraba como a un bicho extraño, sin embargo, tenían mucho en común... Los dos se habían pasado de estación.

miércoles, 28 de mayo de 2008

23:05

Con el frío, parecía estar cada vez más solo en ese tren. La formación no paraba de avanzar cuando recordé aquel corredor. Me lo imaginé en movimiento, al igual que ese vagón. Mi desconcierto no provenía exactamente de ese pasillo, sino de mi conclusión. Esos pasos los escuchaba, estoy seguro, los escuchaba como reales...
Me desperté con el sonido del celular...
-¿Jorge, dónde estás?
-En el tren, volviendo.
-¿Hacemos algo hoy?
-La verdad estoy sin ganas, pero otro día vemos.

Y corté...no me di cuenta en ese mismo instante, pero no lo había saludado.

lunes, 26 de mayo de 2008

Corredor

Parecía interminable, no sólo por el espacio que quedaba por recorrer, ni mucho menos por el tiempo que tardaba en llegar hasta el final. Su inmenso trayecto se debía a los agudos taconazos que se oían a mis espaldas. El ambiente húmedo y frío simulaban un viejo y gastado pasillo que, sin duda, no lo era. Los golpes de los tacos, contra el suelo, de la mujer que caminaba a mis espaldas no tenían fin, retumbaban en las paredes como lo hacen las agujas, en el reloj. Golpeaban rápido, como si trataran de alcanzarme, yo, dejándome superar como un rezagado en una carrera de formula 1, caminaba de manera muy lenta, como siempre. Sin embargo, esa espera (posiblemente parecida a la espera de alguien que agoniza y espera, de una vez por todas, la muerte) fue en vano, no sólo no me alcanzó sino que, al terminar el corredor, mis espaldas se encontraban vacías. Ya no escuchaba más el sonido, desde ese día comprendí que, en ese pasillo, uno escucha sus propios latidos.