Lo construyen
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domingo, 14 de septiembre de 2008
Un mudo en la garganta
Siempre vivimos en el mismo departamento sobre la calle Florida. Atestada de gente como está las veinticuatro horas, aún así nunca tuvimos contacto -ni siquiera visual- con alguien que viviera en el mismo lugar donde pasábamos nuestras noches en semana, nuestros días en descanso. Nuestra paso por el mínimo espacio de vecindad se reducía a un neto descenso de tres pisos por ascensor, una mirada de reojo al mega espejo del vestíbulo para corroborar que no estábamos ni por las rodillas de aquellos que caminaban fuera, vestidos de trajes de gala, y un rejunte de fuerzas previo a la salida para enfrentar la peatonal atestada de hombres, mujeres, celulares, oficinas, publicidades, laptops, y McDonalds. Ni siquiera había un portero a quien pudiéramos dedicar nuestro buendía. Entonces eran días silenciosos, apagados, sin sentido. La boca se nos secaba y las palabras sólo nacían si eran parte de una frase predeterminada, automática; unboletoporfavor, señorasiéntese, permiso, no,gracias.
Cuando tomábamos coraje nos sentábamos e intentábamos diagramar algún tipo de carta documento que reclamara la presencia de un portero que nos representara, que nos recibiera aún con una mínima mueca de bienvenidosnuevamenteasucasa. No hacía falta que nos abriera la puerta, que nos dejara la correspondencia en nuestros respectivos departamentos, que nos compartiera de ese mate dulce que tomara todas las mañanas, no. Que esté, simplemente. Pero nunca aprendimos a diagramar, las clases eran sólo participativas. Y nosotros vivimos en este edificio toda la vida.
Búsqueme en...
Mariquitasanchez,
Portero
viernes, 18 de julio de 2008
Velas
Daniel tenía algunos pasatiempos algo especiales. No era un tipo normal. Tampoco era un portero normal. Mejor dicho, no era portero. Toda su vida se había dedicado a pequeños trabajos, por aquí o por allá. Pero, en este caso, suponía que iba a durar más tiempo.
Por las noches solía dedicarse, como su madre lo solía llamar cuando era pequeño, a los velines. Esta palabra inventada por Adela, la podríamos resumir en unas cuantas, como hasta en una sola, velas. Sí, Daniel prendía velas. El otro mundo, los muertos, los fantasmas (como suele decir la gente) fueron observados por la familia de Daniel durante siglos. Hace tiempo le había dejado de dar importancia, el habito no lo conservaba, pero si el instinto. Su madre había muerto hace diez años, la vio por última vez hace cinco. Imposible olvidar, para él, los gritos de Adela por el living, arrojando las cacerolas por la cocina y tirando los libros por el escritorio.
Hace cinco años que Daniel no prende una vela.
Por las noches solía dedicarse, como su madre lo solía llamar cuando era pequeño, a los velines. Esta palabra inventada por Adela, la podríamos resumir en unas cuantas, como hasta en una sola, velas. Sí, Daniel prendía velas. El otro mundo, los muertos, los fantasmas (como suele decir la gente) fueron observados por la familia de Daniel durante siglos. Hace tiempo le había dejado de dar importancia, el habito no lo conservaba, pero si el instinto. Su madre había muerto hace diez años, la vio por última vez hace cinco. Imposible olvidar, para él, los gritos de Adela por el living, arrojando las cacerolas por la cocina y tirando los libros por el escritorio.
Hace cinco años que Daniel no prende una vela.
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Asno total,
Portero
martes, 15 de julio de 2008
Lo esperamos...
Riiing... (Pase, por favor)
-Usted debe ser el nuevo portero ¿O me equivoco -? Mientras, Daniel asentía con la cabeza-. Tome asiento.
Se sentó, la silla no podía ser más incomoda. No importaba, él sólo quería el trabajo. ¿Qué importaba si tenía que esperar 1, 2 o 3 horas en esa silla? Recordaba tan bien su último trabajo, horrible por cierto, que deseaba empezar a trabajar aquí, en este colegio. Lo llamaron.
Le preguntaron si tenía experiencia, no la tenía. De todos modos, no les interesaba, sólo se enfocaron en sus pasatiempos y sus antiguos oficios.
-Muchas gracias, Sr. Ayala, lo esperamos mañana a las 8 en punto.
-Hasta luego- Dijo estrechando la mano al director.
Salió a la calle, hacía calor. Aunque, ese colegio, si que estaba frío.
-Usted debe ser el nuevo portero ¿O me equivoco -? Mientras, Daniel asentía con la cabeza-. Tome asiento.
Se sentó, la silla no podía ser más incomoda. No importaba, él sólo quería el trabajo. ¿Qué importaba si tenía que esperar 1, 2 o 3 horas en esa silla? Recordaba tan bien su último trabajo, horrible por cierto, que deseaba empezar a trabajar aquí, en este colegio. Lo llamaron.
Le preguntaron si tenía experiencia, no la tenía. De todos modos, no les interesaba, sólo se enfocaron en sus pasatiempos y sus antiguos oficios.
-Muchas gracias, Sr. Ayala, lo esperamos mañana a las 8 en punto.
-Hasta luego- Dijo estrechando la mano al director.
Salió a la calle, hacía calor. Aunque, ese colegio, si que estaba frío.
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Asno total,
Portero
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