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viernes, 5 de diciembre de 2008

De palabras ni hablar

Ayer descubrí algo impactante. Que, después de varios años me hace creer que siempre hay cosas con que asombrarse. ¿Puede que sea la naturaleza? No. Es decir, si. No sé.
La naturaleza tiene lo suyo, pero esto lo supera.
¿Los inventos del ser humano? En un momento hubiese dicho que no, pero estoy hablando justamente de eso, de una invención humana. Si bien ya lo explicó Neruda, y lo confirmó Cortazar la palabra es la creación mas importante del hombre a lo largo de la historia.

Más allá de todo eso (no deseo irme al diablo), hay una palabra que me llamó la atención. No lo había notado, estaba recubierta de polvo de modo que no podía verse.

Cartucho.

Léase en voz alta una determinada cantidad de veces, las suficientes como para que logre perder el sentido. Luego, habrá que observar que la vocal abierta en conjunción con el sonido gutural de la "C" y la fuerza de la "r" dan lugar a la magia que nos trae la combinación de la "t" y la "ch". Combinadas, obviamente con dos vocales que no se quedan atras.

¿Vieron? Les dije que era lindo.

Quiero invitar a mis compañeros de blog, y a la gente que pasa de casualidad a darnos a conocer sus palabras favoritas con su respectiva fundamentación.

domingo, 12 de octubre de 2008

Hola, yo soy Adela y tengo 68 años. Hace tiempo vengo escuchando acerca de estos blogs, decidí escribir gracias a mi nieto que me instaló la computadora y la internet en casa. No es tan fácil como pensaba, tengo un grave problema para encontrar las letras.

Los chinos de a la vuelta
Les quiero contar, que Norma la vecina del 4ºE descubrió que los chinos apagan las heladeras de noche. Desde que me enteré he dejado de comprar ahí, ahora entiendo porque el arroz me caía tan mal. Pero esto no era lo único criticable... ¡Son de careros! Prefiero ir al almacén de Don Alfredo que me vende la leche 10 centavos más barata. Antes estas cosas no pasaban, no había chinos, son una novedad.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Cerrados

No era tarde cuando el sueño lo derrotó, era tarde cuando se despertó en medio de la noche y se encontró observando cada detalle de la habitación de un modo poco ortodoxo.
Tenía los ojos cerrados, de todas maneras podía distinguir cada cosa que había en la habitación. La silla, el escritorio, la guitarra pendiendo sobre un mueble, todo tenía su silueta, la misma que con los ojos abiertos. Entonces, no supo que pensar. Mejor dicho, sabía bien que pasaba. Sus ojos estaban abiertos, pero él los sentía cerrados, completamente. Intento comprobarlo con sus dedos, no había caso, estaban cerrados. Seguía viendo.

Pensó en tratar de abrirlos, pero decidió comprobarlo una vez más con sus manos. Continuaban cerrados. Haciendo fuerza en su interior, abrió los ojos. No vió lo mismo que antes. Observo algo, en realidad, a alguien. Esa sombra que se abalanzó sobre su cuerpo tendido no lo dejó dormir en toda la noche.

viernes, 18 de julio de 2008

Velas

Daniel tenía algunos pasatiempos algo especiales. No era un tipo normal. Tampoco era un portero normal. Mejor dicho, no era portero. Toda su vida se había dedicado a pequeños trabajos, por aquí o por allá. Pero, en este caso, suponía que iba a durar más tiempo.
Por las noches solía dedicarse, como su madre lo solía llamar cuando era pequeño, a los velines. Esta palabra inventada por Adela, la podríamos resumir en unas cuantas, como hasta en una sola, velas. Sí, Daniel prendía velas. El otro mundo, los muertos, los fantasmas (como suele decir la gente) fueron observados por la familia de Daniel durante siglos. Hace tiempo le había dejado de dar importancia, el habito no lo conservaba, pero si el instinto. Su madre había muerto hace diez años, la vio por última vez hace cinco. Imposible olvidar, para él, los gritos de Adela por el living, arrojando las cacerolas por la cocina y tirando los libros por el escritorio.
Hace cinco años que Daniel no prende una vela.

Lugar común

No salgo de allí.
Tanto, que creo que con esto ahí me quedaré.
¿Me encuentro yo, en una depresión literaria?
No creo, nunca supe escribir.
No vuelvo al mismo lugar.
En definitiva, nunca me fui.
____________________________________________________________

- Nos vamos.
- ¿Donde?
- Al bar de acá.
- Siempre al mismo lugar.

martes, 15 de julio de 2008

Lo esperamos...

Riiing... (Pase, por favor)
-Usted debe ser el nuevo portero ¿O me equivoco -? Mientras, Daniel asentía con la cabeza-. Tome asiento.
Se sentó, la silla no podía ser más incomoda. No importaba, él sólo quería el trabajo. ¿Qué importaba si tenía que esperar 1, 2 o 3 horas en esa silla? Recordaba tan bien su último trabajo, horrible por cierto, que deseaba empezar a trabajar aquí, en este colegio. Lo llamaron.
Le preguntaron si tenía experiencia, no la tenía. De todos modos, no les interesaba, sólo se enfocaron en sus pasatiempos y sus antiguos oficios.
-Muchas gracias, Sr. Ayala, lo esperamos mañana a las 8 en punto.
-Hasta luego- Dijo estrechando la mano al director.

Salió a la calle, hacía calor. Aunque, ese colegio, si que estaba frío.

viernes, 4 de julio de 2008

De la felicidad

Todos hablan de la felicidad. Como si supieran. Yo, como si supiera, también hablo.
Distingo tres tipos de felicidad, que son delimitadas por su contexto espacial y temporal.

Llamemos a la primera, felicidad 1: Esta felicidad nos la encontramos seguido. Nos alegra el momento y nos aprovechamos de ella. Es una felicidad efímera y fugaz. Sin embargo, eso no significa que no queden secuelas. Superflua, sólo la reconocemos en ese momento, no la recordamos.
Una caída no duele, y menos cuesta volver a levantarse, o más bien, levantar otra felicidad.

En cambio, la felicidad 2, se opone completamente a la felicidad 1. Etérea, no la podemos describir ni en el mismísimo momento en que se encuentra sobre nosotros, pero si cuando se ha ido. Escapa del hedonismo de la primera, sin embargo, como bien dice la frase "más grande, más fuerte será la caída": Cae...pluff. El golpe no permite elaborar ni una felicidad del tipo 1.

Aquí entra en escena otra felicidad, la del tipo 3: "Darnos cuenta que, feliz es no ser feliz para no tener que dejar de serlo en algún momento".

martes, 1 de julio de 2008

Planteos

Se había cansado de estudiar tantos años, pensaba que trabajar hubiese sido más fácil, o más bien, lo creía. Porque no era de pensar, nunca lo fue. Siempre creyó, le parecía más importante.
"Si un ladrón dice ser inocente, y nosotros, que jueces no somos, no haremos más que creer", así (valga la redundancia), lo creía.
Sin embargo, después de un tiempo, comprendió algo importante (o resultaba serlo para él): "Creer y pensar son sinónimos y antónimos simultáneamente; uno cree que piensa cuando piensa que cree". Afortunadamente, Jorge ya no se hace más ese tipo de planteos, justamente desde que empezó a trabajar.

viernes, 20 de junio de 2008

Solo

Pan, queso, pan, queso, pan, queso... ¡Tac!...
Calculaba, paso a paso, los espacios entre cada banco. La plaza estaba fría, muy fría. Pero él no suponía que por esa razón no iba a tener nada que hacer ahí. Nunca faltaba una latita, una botella o, en el mejor de los casos, una pelota. Y si llegaran a faltar, siempre había alguien con lavarropas para ofrecer sus medias. Él no sólo no tenía pelota, sino que tampoco tenía medias.
- ¿Para qué? - , se preguntaba - Si, total, las voy a ensuciar. Las necesito para el cole.
Ese día no había nadie.
- Mejor - pensaba Jorge, ahora podría pensar el solito las jugadas, para que los demás no se rían de él.
Era malo, era muy malo, o como suele decirse aquí, un terrible patadura. Pero se las imaginaba, se imaginaba las jugadas que nunca le habían salido (y que nunca le saldrán), veía en su mente el momento en que aquella sonrisa, la de sus amigos, burlándose de él, se desfiguraba. Especialmente la de Carlos...
Pan, queso, pan, queso, pan, queso...

viernes, 13 de junio de 2008

Asco

Callaba. Claro, no tenía porque hablar, iba sola. El túnel era muy, tal vez demasiado, frío. Pero ese frío que no molesta, ese frío que seduce a la piel. Hay sensaciones diferentes de tener frío. Hay fríos que duelen, que molesta, que disgustan, y otros... atraen, acobijan. Odiaba viajar a esa hora, pero no se quejaba, de hecho, ella lo había querido así. Lo que no había decidido era pasarse de estación, no le pasaba normalmente, sólo en algunos días especiales, en los que no paraba de pensar en pequeñas, y a veces irrelevantes, cosas.
Cuando caminaba, escuchaba los golpes de sus tacos. Al promediar el túnel, vio a un pasajero perdido que la miraba, le dio asco, mucho asco.

lunes, 9 de junio de 2008

Inercia

Me cansaba no tener nada para hacer, pero también me quejaba cuando me encontraba muy atareado. Creo que, por un lado, siempre fui así. Soy extremista, pero no me gustan los extremos. No. Sin duda, me gusta estar en el medio. A veces el que quiere estar en los costados, al principio o al fin, es aquel que quiere ser visto, quien resalta o, como dicen, quiere llamar la atención. A mi me pasa algo completamente diferente, o por lo menos así fue hasta ese día.
Cuando menos imaginaba que mi vida cambiaría, cuando menos pensaba que algo interesante me ocurriría, empecé a sentir estos raros avisos de alguien que se aproximaba. Ese alguien ya se había ido hace un tiempo, tampoco quería volver y yo, no quería que vuelva. En definitiva, era pura inercia.

lunes, 2 de junio de 2008

Vomitos

Ayer me dijo que no, que no quería ir a la iglesia. El bautismo de mi sobrino sería en dos horas y él, quien no había aparecido por varios días, decidió hacerlo, pero sólo para molestar. Yo le dije que tampoco tenía ganas de ir, pero era una obligación, además, en la celebración habría sabrosos triples de miga (los de ananá son sus favoritos). Sin embargo le costó asentir. Me dijo que el tenía que ser fiel a sus principios, que no podía dejarse mandar por alguien como yo. No lo dudé, me hice respetar. Hoy, me arrepiento de eso. Nunca había vomitado tanto, después de comer una hostia.

Espera

La silla no era para nada cómoda, es de esas a la que uno siempre le busca una vuelta para estar confortable, pero no, es imposible. La espera tampoco resultaba ser algo satisfactorio y, menos, si me ponía a pensar para que era esa espera. Al escuchar mi apellido dudé. Claro, es como el cuento de Pedrito y el lobo. De tanto esperar, al finalizar la espera, es algo de no creer. Me levante, me dirigí hacia la puerta y la abrí. Rechinaba, tanto que me hubiese gustado aceitarla en ese mismo instante. Sentía que me quedaría a vivir allí, imaginaba que no volvería ni a mi hogar, ni a mi vida (en la que, sinceramente, nunca estuve). Me senté en un sillón, y aguardé que el momento álgido se aproximara. Mis muelas ardían, no querían escapar de mi boca.

domingo, 1 de junio de 2008

A todo o nada

¿Qué es nada? Una pregunta que no deja de dar vueltas en mi cabeza. Me atrae la idea de pensar en una nada que a la vez es todo. Porque si bien, es nada, se le da un valor absoluto y entonces... ¿Qué es nada? Todo. Es decir, cuando decimos que algo es nada nos equivocamos. Todo es nada y nada es todo. Y cada vez que lo pienso más y más me doy cuenta que no entiendo nada...¿O todo?

Casa

Estaba seguro, ya la había visto en otra ocasión. Poco me importaba en ese entonces, el sueño me ganaba y sólo quería llegar a mi casa...

Reja negra, un ph bien hasta a el fondo. Al llegar al final, una puerta verde que, siempre, hay que empujarla para poder entrar. No había nadie, era de esperarse porque, Jorge, vive sólo hace años. Hace tiempo vivía con un amigo, del cual nunca quiere hablar. La pequeña cocina, tal vez demasiado pequeña para ser recinto de toda esa gran mugre, ya casi no era utilizada. Jorge no comía mucho en su casa y, cuando comía, no cocinaba.

Tenía sueño, como todas las noches. Aunque sin duda ese día había sido diferente...

Al parecer no le prestó mucha atención a eso, el sueño le ganó.

viernes, 30 de mayo de 2008

Retracción

Anteriormente he dicho que las pautas me revientan. Sin embargo, cometí un error. Es verdad, puede ser que me revienten pero comprendí que las pautas no existen, ni tampoco las costumbres. Yo no hago lo mismo que nadie. Si más bien nadie es alguien, porque hasta tiene nombre. Llegué a una conclusión mucho más profunda: Lo único universal en este mundo es la boludez. Después iré explicando que quiero decir con esto, pero será en otro momento.

Otra vez

Se volvió a despertar dos estaciones más atrás de las que debía bajarse. Sin embargo, esto no le preocupó en lo más mínimo, solía pasarle. Con un aire de tranquilidad, se dirigió lentamente hacía el andén de enfrente. Cuando caminaba por el túnel, los escuchó otra vez. Si, ahí estaban. Esos eran los mismos taconazos que lo perseguían desde hoy a la tarde. No se apuró, al contrario, se tomó su tiempo para escuchar con detenimiento, aquellos pasos que lo seguían. Se dio vuelta, y la vio. Ella lo miraba como a un bicho extraño, sin embargo, tenían mucho en común... Los dos se habían pasado de estación.

miércoles, 28 de mayo de 2008

23:05

Con el frío, parecía estar cada vez más solo en ese tren. La formación no paraba de avanzar cuando recordé aquel corredor. Me lo imaginé en movimiento, al igual que ese vagón. Mi desconcierto no provenía exactamente de ese pasillo, sino de mi conclusión. Esos pasos los escuchaba, estoy seguro, los escuchaba como reales...
Me desperté con el sonido del celular...
-¿Jorge, dónde estás?
-En el tren, volviendo.
-¿Hacemos algo hoy?
-La verdad estoy sin ganas, pero otro día vemos.

Y corté...no me di cuenta en ese mismo instante, pero no lo había saludado.

lunes, 26 de mayo de 2008

Corredor

Parecía interminable, no sólo por el espacio que quedaba por recorrer, ni mucho menos por el tiempo que tardaba en llegar hasta el final. Su inmenso trayecto se debía a los agudos taconazos que se oían a mis espaldas. El ambiente húmedo y frío simulaban un viejo y gastado pasillo que, sin duda, no lo era. Los golpes de los tacos, contra el suelo, de la mujer que caminaba a mis espaldas no tenían fin, retumbaban en las paredes como lo hacen las agujas, en el reloj. Golpeaban rápido, como si trataran de alcanzarme, yo, dejándome superar como un rezagado en una carrera de formula 1, caminaba de manera muy lenta, como siempre. Sin embargo, esa espera (posiblemente parecida a la espera de alguien que agoniza y espera, de una vez por todas, la muerte) fue en vano, no sólo no me alcanzó sino que, al terminar el corredor, mis espaldas se encontraban vacías. Ya no escuchaba más el sonido, desde ese día comprendí que, en ese pasillo, uno escucha sus propios latidos.

Poner...

...pautas me revienta, para eso esta el sentido común, lo demás se lo dejo a la imaginación.