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jueves, 9 de octubre de 2008

Instrucciones para sentarse

Antes que nada, o que todo, buscar una superficie en la que quepa parte de su superficie a apoyar de tal forma que no pierda el equilibrio al hacerlo y se encuentre relativamente cómodo. Una vez encontrada la escena del acto, la persona debe acercarse al lugar elegido para cumplir específicamente con el objetivo.

Finalmente se procede a la acción. Reclinar en simultáneo las piernas, provocando un ángulo de 45 grados entre la cadera y la cabeza. Hacer un ligero esfuerzo que colabore con la fuerza de gravedad y la felicidad de los muslos que, relajados, se dejarán caer sobre la superficie elegida anteriormente.

Disfrutar del asiento con una rica limonada en mano y el sol resplandeciente que traspace atmósferas enteras sólo para llegar hasta donde usted está.

viernes, 4 de julio de 2008

De pozos y grandeza


¡Nene, acordate de esquivar el pozo de la esquina!. Todas las mañanas el mismo grito santo. Sí, mamá, sí. En un mes, diez gomas pinchadas. ¡Diez! Como para que no me grite...de todas formas no entiendo, no. Cuando me golpeo y la piel se me abre, se llena. De sangre o de mugre, pero se llena. El pozo no se vence, y mirá que el viento menea tierra de un lado para otro, eh. Pero no, ahí continúa y, para peor, parece cada vez más profundo. Y se me complica esquivarlo, si abarca casi toda la vereda. Si bajo a la calle, que es peligroso. Si sigo como si fuera invencible, puf. Una goma menos.

Ser chico es complicado. Si mirás dibujitos sos un pendejo, si querés mirar una de miedo, te hacés el canchero. Si llorás sos un quejoso y si contás todo lo lindo que aprendiste en el día, sos insoportable. No entiendo la fórmula, nunca me la dijeron. No es que uno nazca con un manual de instrucciones para caminar sobre esta bendita tierra, no. Uno se las tiene que arreglar como puede.

A veces me pongo de puntitas de pie y me asomo por la terraza de casa para ver todo el barrio desde arriba. Me estiro lo más que puedo, cierro los ojos y me concentro muchísimo pensando que tal vez, cuando los abra, ya estaré algo más adulto y podré disfrutar todo eso que me rodea. Pero no. De todas formas, ¿por qué pienso en eso? Si parecen más perdidos que nosotros, si nos dicen continuamente cuánto les gustaría volver a esta edad. No tienen idea. Que prueben ellos andar en bici, y esquivar el pozo de la esquina sin bajar a la calle a ver si pueden.