Hacía calor, pero no le importaba. Esa era su noche. Pocas expectativas, eminente saber de que vanagloria, inocente vanidad.
Abrió la heladera, la cerveza más fría afuera. Cual fiera corrupia, la destapó de un sacudón. De dientes, de boca, gruesa mandíbula. Mitad de monoambiente con olor a cebada fermentada, consecuencia de la brutalidad humana. Tampoco le importaba. El galgo aprovechó la mala jugada y atrajo con su lengua la sustancia de la tentación.
Timbre. La amiguita de toda la vida. Desnuda de un sacudón, oscuro halo de satisfacción. Goce de grandeza, inmediación orgánica. Aunque humana. El galgo apaciguado por la ebriedad, alienado en su realidad.
Lo construyen
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miércoles, 24 de septiembre de 2008
miércoles, 13 de agosto de 2008
Memorias
Anoche desempolvé un viejo álbum de fotos que tenía guardado en un cajón abajo de nuestra cama. De más está decir que soy un tipo muy familiero, me gusta llamar a mamá de vez en cuando y estoy en contacto con casi todos mis hermanos.
Pero desafortunadamente, me tocó convivir con un demonio que no es muy amigable a las visitas. Digamos que es medio territorial el susodicho. Si siente que alguien entra en la casa en seguida se le hecha al humo, se pone como loco, y algunas veces se le ha ido un poco la mano con la reacción. Así que, por la integridad de mi familia, y para evitar peleas y discusiones que nunca llegan a ningún lado, nunca invito a mis parientes a casa.
Resulta que estaba hojeando este álbum de fotos, que tenían ya unos cuántos años, antes de que empezara a convivir con el demonio. Él suele mostrarse reacio a revisar mis recuerdos, especialmente los familiares, aunque por supuesto no tiene problema en releer los recortes de diario de las veces que hizo alguna travesura (por ejemplo ésta).
Por eso me extrañé mucho cuando anoche no emitió ninguna queja luego de que abriera el álbum con las fotos de mis vacaciones en Mar de las Pampas. Yo me hice el distraído como si no pasase nada raro, y él siguió sin decir nada. Se reavivaron muchos recuerdos y sentimientos en mí al entrar en ese fantástico mundo que fue mi adolescencia, y las vacaciones en Mar de las Pampas. No pude evitar despedir algún que otro suspiro, y sonreír al verme de joven, con mis sandalias y mis medias, por miedo a los escarabajos.
Al fin las fotos se acabaron, y tuve que guardar el álbum. Luego guardé el cajón nuevamente en su lugar, y me senté en la cama a reflexionar sobre cómo pasa el tiempo.
Pero desafortunadamente, me tocó convivir con un demonio que no es muy amigable a las visitas. Digamos que es medio territorial el susodicho. Si siente que alguien entra en la casa en seguida se le hecha al humo, se pone como loco, y algunas veces se le ha ido un poco la mano con la reacción. Así que, por la integridad de mi familia, y para evitar peleas y discusiones que nunca llegan a ningún lado, nunca invito a mis parientes a casa.
Resulta que estaba hojeando este álbum de fotos, que tenían ya unos cuántos años, antes de que empezara a convivir con el demonio. Él suele mostrarse reacio a revisar mis recuerdos, especialmente los familiares, aunque por supuesto no tiene problema en releer los recortes de diario de las veces que hizo alguna travesura (por ejemplo ésta).
Por eso me extrañé mucho cuando anoche no emitió ninguna queja luego de que abriera el álbum con las fotos de mis vacaciones en Mar de las Pampas. Yo me hice el distraído como si no pasase nada raro, y él siguió sin decir nada. Se reavivaron muchos recuerdos y sentimientos en mí al entrar en ese fantástico mundo que fue mi adolescencia, y las vacaciones en Mar de las Pampas. No pude evitar despedir algún que otro suspiro, y sonreír al verme de joven, con mis sandalias y mis medias, por miedo a los escarabajos.
Al fin las fotos se acabaron, y tuve que guardar el álbum. Luego guardé el cajón nuevamente en su lugar, y me senté en la cama a reflexionar sobre cómo pasa el tiempo.
Esta reflexión se vio interrumpida por una estruendosa carcajada:
-JaJaJaJaJaJaaaahJaJaJaJaJaJa- y así siguió por medio minuto, hasta que una voz cavernosa que conocía muy bien se atragantó con las palabras:
-¡Qué pelotudo que eras, por Dios!- estalló.
Por supuesto, le dije que tratara de no usar el nombre de Dios en vano.
-JaJaJaJaJaJaaaahJaJaJaJaJaJa- y así siguió por medio minuto, hasta que una voz cavernosa que conocía muy bien se atragantó con las palabras:
-¡Qué pelotudo que eras, por Dios!- estalló.
Por supuesto, le dije que tratara de no usar el nombre de Dios en vano.
Búsqueme en...
Sinple,
Viviendo Juntos
miércoles, 2 de julio de 2008
Hacerse El Que Sabe
El miércoles pasado tuvimos un problema el demonio y yo.
No un problema normal, como cuando no nos podemos decidir si escuchar Metallica o Beatles, sino un problema serio, que me hizo cuestionarme las cosas que pasan en este país.
Resulta que estábamos caminando hacia la rotisería, en parte porque nos habíamos quedado sin pollo y en parte para asesinar alguna virgen inocente (no pregunten), y de repente nos suena el celular. Era Tincho, que se juntaban en su quincho a comer un asadito.
En ese momento no pudimos controlarnos, especialmente él, que ama la carne roja, y decidimos ir para allá dejando de lado el pollo y el torrente de sangre pura y virgen, que habían sido en un primer momento nuestras razones para salir.
"¡A lo de Tincho!" nos dijimos con alegría.
Esperamos en la parada unos quince minutos hasta que apareció un 666 que nos dejaba a pocas cuadras de su casa. Levantamos la mano cuando este estaba recién en la otra parada, como para prevenir. Resulta que el colectivo se acerca a toda velocidad y empieza a frenar a los pocos metros de donde estábamos, acercándose peligrosamente a la vereda. De más está decir que con el peso que tiene el colectivo, y el momentum que esto implica, siguió de largo unos cuantos metros más adelante de donde estábamos nosotros. Resignados, empezamos a caminar hacia la puerta que se abrió con un fuerte golpe.
Oh sorpresa, cuando estábamos por llegar, aparentemente sin razón alguna el colectivo arranca. Tuvimos que correrlo y saltar para colgarnos de la manija con una mano, porque en la otra teníamos listas las monedas (para no hacer esperar al chofer). A todo esto el buen hombre que estaba al volante ni se da por aludido de nuestra presencia, y nos cierra la puerta antes de que terminemos de entrar, enganchando la capucha de la campera.
Casi sin aliento, pero con evidente frustración, el demonio le preguntó:
"¡¿No nos vio?!"
A lo que el chofer respondió mirando por la ventana, como si no hubiese escuchado nada. Entonces sin mirarnos dijo con poca paciencia:
"¿De cuánto querés?"
--Aquí, creo, es necesario hacer un paréntesis para explicarles lo que sucedió y por qué sucedió. Resulta que el demonio que convive conmigo no es tan paciente como me gustaría. Tienden a subírsele los humos a la cabeza y perder un poco el control, es un poco irritable, sensible. No es que odie a la raza humana y quiera destruirlos a todos, es solo que a veces se siente un poco incomprendido en este mundo tan frío y cruel.--
Lo que siguió es bastante desagradable, en realidad no estoy seguro de querer recordarlo, estamos trabajando en eso con nuestro analista. Para darles una idea les voy a decir algunas palabras para que ustedes construyan por su cuenta la situación:
Llamas - piel chamuscada - monedas - explosión del expendedor de boletos - palanca de cambios - introducción - recto del chofer - órganos - chofer - desparramamiento - ojos - alfileres - apretura de costillar.
Igualmente no fue tan terrible, lo que pasa es que soy un poco impresionable y la violencia, aún en su forma más solapada, me deja helado. Es por eso que ahora estamos yendo dos veces por semana con el Dr. Fernberg que nos ayuda con estos problemas esporádicos.
El asadito en lo de Tincho estuvo buenísimo, y además todos los chicos nos festejaron porque llevamos unos kilos más de carne, que aunque estaba un poco dura era muy sabrosa.
No un problema normal, como cuando no nos podemos decidir si escuchar Metallica o Beatles, sino un problema serio, que me hizo cuestionarme las cosas que pasan en este país.
Resulta que estábamos caminando hacia la rotisería, en parte porque nos habíamos quedado sin pollo y en parte para asesinar alguna virgen inocente (no pregunten), y de repente nos suena el celular. Era Tincho, que se juntaban en su quincho a comer un asadito.
En ese momento no pudimos controlarnos, especialmente él, que ama la carne roja, y decidimos ir para allá dejando de lado el pollo y el torrente de sangre pura y virgen, que habían sido en un primer momento nuestras razones para salir.
"¡A lo de Tincho!" nos dijimos con alegría.
Esperamos en la parada unos quince minutos hasta que apareció un 666 que nos dejaba a pocas cuadras de su casa. Levantamos la mano cuando este estaba recién en la otra parada, como para prevenir. Resulta que el colectivo se acerca a toda velocidad y empieza a frenar a los pocos metros de donde estábamos, acercándose peligrosamente a la vereda. De más está decir que con el peso que tiene el colectivo, y el momentum que esto implica, siguió de largo unos cuantos metros más adelante de donde estábamos nosotros. Resignados, empezamos a caminar hacia la puerta que se abrió con un fuerte golpe.
Oh sorpresa, cuando estábamos por llegar, aparentemente sin razón alguna el colectivo arranca. Tuvimos que correrlo y saltar para colgarnos de la manija con una mano, porque en la otra teníamos listas las monedas (para no hacer esperar al chofer). A todo esto el buen hombre que estaba al volante ni se da por aludido de nuestra presencia, y nos cierra la puerta antes de que terminemos de entrar, enganchando la capucha de la campera.
Casi sin aliento, pero con evidente frustración, el demonio le preguntó:
"¡¿No nos vio?!"
A lo que el chofer respondió mirando por la ventana, como si no hubiese escuchado nada. Entonces sin mirarnos dijo con poca paciencia:
"¿De cuánto querés?"
--Aquí, creo, es necesario hacer un paréntesis para explicarles lo que sucedió y por qué sucedió. Resulta que el demonio que convive conmigo no es tan paciente como me gustaría. Tienden a subírsele los humos a la cabeza y perder un poco el control, es un poco irritable, sensible. No es que odie a la raza humana y quiera destruirlos a todos, es solo que a veces se siente un poco incomprendido en este mundo tan frío y cruel.--
Lo que siguió es bastante desagradable, en realidad no estoy seguro de querer recordarlo, estamos trabajando en eso con nuestro analista. Para darles una idea les voy a decir algunas palabras para que ustedes construyan por su cuenta la situación:
Llamas - piel chamuscada - monedas - explosión del expendedor de boletos - palanca de cambios - introducción - recto del chofer - órganos - chofer - desparramamiento - ojos - alfileres - apretura de costillar.
Igualmente no fue tan terrible, lo que pasa es que soy un poco impresionable y la violencia, aún en su forma más solapada, me deja helado. Es por eso que ahora estamos yendo dos veces por semana con el Dr. Fernberg que nos ayuda con estos problemas esporádicos.
El asadito en lo de Tincho estuvo buenísimo, y además todos los chicos nos festejaron porque llevamos unos kilos más de carne, que aunque estaba un poco dura era muy sabrosa.
Búsqueme en...
Sinple,
Viviendo Juntos
lunes, 2 de junio de 2008
Vomitos
Ayer me dijo que no, que no quería ir a la iglesia. El bautismo de mi sobrino sería en dos horas y él, quien no había aparecido por varios días, decidió hacerlo, pero sólo para molestar. Yo le dije que tampoco tenía ganas de ir, pero era una obligación, además, en la celebración habría sabrosos triples de miga (los de ananá son sus favoritos). Sin embargo le costó asentir. Me dijo que el tenía que ser fiel a sus principios, que no podía dejarse mandar por alguien como yo. No lo dudé, me hice respetar. Hoy, me arrepiento de eso. Nunca había vomitado tanto, después de comer una hostia.
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Asno total,
Viviendo Juntos
miércoles, 28 de mayo de 2008
Ofensa
Hoy tuvimos una discusión, el demonio y yo. Hace tiempo que me viene insistiendo con que quiere un sacrificio humano, que quiere un sacrificio humano que todos los demás demonios reciben sacrificios en su honor. Y yo me canso de repetirle que no, que se va a tener que aguantar ser un demonio sin sacrificio humano. Es suficiente con los gallos que degollamos los domingos en la pileta de la cocina recitando macumbas del Umbanda. ¡Encima después el lío de plumas y sangre lo tengo que limpiar yo! Claro, el señorito viene y se piensa que acá estamos todos para servirle, que es el amo y señor del oscuro inframundo. ¡No señor! Acá somos gente laburadora y gente digna, yo no tengo por qué andar buscando bebitos para hacer ningún ritual ni tampoco fregando jugos intestinales del piso de la cocina. Así que que no me vengan con estupideces, que para eso están los giles. ¡Yo no soy ningún gil! Y se ofendió. No me habla desde la mañana.
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Sinple,
Viviendo Juntos
martes, 27 de mayo de 2008
Viviendo Juntos
El demonio y yo convivimos plácidamente en este cuerpo. No hay disputas ni quejas, él sabe lo que me molesta a mí, y yo conozco sus inquietudes malvadas y sé cuando dejárselas pasar y cuando no. Vivimos juntos hace un tiempo ya, no recuerdo bien cuándo. Supongo que fue en algún momento del '76 que lo conocí, cuando investigaba en la biblioteca perdida de Alejandría (o lo que queda de ella). Entablamos conversación -tengo que admitir que en un principio me resultó chocante su manera de ser, y sus desagradables fluidos violetas- y rápidamente nos entendimos. Hoy somos dos caras de la misma moneda. Mi demonio desayuna ojos de cerdo frescos, que conseguimos en la carnicería todos los miércoles. Yo opto por unos cereales de avena con leche para empezar mi día.
Es muy lindo convivir con alguien a quién uno le conoce todas las mañas (esto no se lo digo a él por supuesto, enloquecería de vergüenza). Pero entre ustedes y yo, una vez que uno lo conoce, ya no se si le queda tan bien el nombre "demonio", es más bien un cascarrabias, un diablillo si les parece.
Ay, sus travesuras me hacen reír.
Es muy lindo convivir con alguien a quién uno le conoce todas las mañas (esto no se lo digo a él por supuesto, enloquecería de vergüenza). Pero entre ustedes y yo, una vez que uno lo conoce, ya no se si le queda tan bien el nombre "demonio", es más bien un cascarrabias, un diablillo si les parece.
Ay, sus travesuras me hacen reír.
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Sinple,
Viviendo Juntos
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